viernes, 13 de marzo de 2015

Lo espiritual



No cuidamos en absoluto nuestro espíritu. Es insensato que nos pasemos la vida preocupados por el estado en que se encuentra nuestra cobertura física y que en cambio nos sea indiferente nuestro auténtico ser, nuestra realidad espiritual.
Nadie nos enseña a cuidarla. Constantemente se nos dice cómo cuidar el cuerpo: los padres, los médicos, los medios de comunicación... Por todas partes se nos dan consejos sobre cómo mantener en buen estado algo que está destinado a pudrirse.
En cambio, sobre el espíritu no se nos dice nada. Vivimos completamente de espaldas al espíritu. Incluso los “creyentes”, la gente que sabe que hay un Dios, la gente que está encuadrada en alguna Iglesia, en su mayoría vive de espaldas al espíritu.
La mayor parte de nuestra vida la dedicamos al cuidado del cuerpo: desde el tiempo que dedicamos a las necesidades insoslayables, como comer o lavarnos, hasta las horas ocupadas por el deporte o la estética, y si excluimos el horario laboral, que en muchos casos es también tiempo dedicado exclusivamente al sustento del cuerpo, ¿qué le queda al espíritu?
En muchos casos, no le queda nada. No nos enseñan a preocuparnos por el espíritu. Incluso los sacerdotes, en realidad la mayor parte del tiempo están hablando de las necesidades físicas. Y, cuando no lo hacen, la sociedad les reprocha que no lo hagan. Las mismas Iglesias parecen haber acabado convenciéndose de que lo primordial es ocuparse de las necesidades corporales. La “oferta espiritual” de las Iglesias es tan raquítica y rutinaria y falta de enjundia, tan poco atractiva, de tan poco contenido, que ellas mismas se ven abocadas a revestirla de ofertas materiales para intentar granjearse el beneplácito de la sociedad.
Es verdad que en no pocas ocasiones las Iglesias dan de comer al hambriento, y nadie puede desestimar esa labor. Pero en cambio el alimento espirtitual es cada vez más escaso, porque a los mismos sacerdotes parece preocuparles cada vez menos el mundo espiritual.
Cuando hablan del espíritu, lo hacen con palabras manidas, repitiendo consignas. Han ablandado los dogmas, conscientes del rechazo que producen, pero no los han sustituido por un mensaje consistente que sacuda los espíritus dormidos.
Han creído que dejando de ocuparse del alma y atendiendo preferentemente a los cuerpos conseguirían aproximarse con más facilidad a las sociedades.
Quizás en algún caso es así. Pero ¿para qué sirve esa aproximación, si por el camino hemos perdido el espíritu?

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