domingo, 11 de marzo de 2012

GNOSTICISMO (III)



En el gnosticismo se aunaron la filosofía platónica, el legado judío y la inspiración cristiana.
Los gnósticos cristianos creyeron que Jesús de Nazaret había sido la última encarnación en la historia del Salvador gnóstico.


A lo largo del desarrollo del gnosticismo surgieron diversas escuelas: valentinianos, carpocratianos, basilidianos, setianos, cainitas, ofitas…


Hubo tres especialmente significativas:


SIMONIANOS:


Según los heresiólogos, Simón el Mago fue el padre de todas las heterodoxias surgidas en el seno del cristianismo.

El texto clave sobre Simón se halla en los Hechos de los Apóstoles, VIII, 9-24:


Había en la ciudad un hombre llamado Simón, que desde tiempo atrás practicaba la magia y traía maravillada a la gente de Samaria. Decía que él era un gran personaje. Todos le hacían caso, mayores y pequeños, pues decían: «Éste es la potencia de Dios llamada Grande». Le hacían caso porque durante bastante tiempo los había estado embaucando con sus artes mágicas. Pero cuando creyeron a Felipe, que los evangelizaba acerca del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, se bautizaron hombres y mujeres.  El mismo Simón creyó, y una vez bautizado no se apartaba de Felipe, y cuando veía las señales y los grandes prodigios que sucedían se maravillaba. [...] Viendo Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se otorgaba el Espíritu Santo, les ofreció dinero diciendo: «Dadme a mí también ese poder, de modo que aquél al que imponga yo las manos reciba el Espíritu Santo». Pedro le contestó: «Que tu dinero vaya contigo a la perdición, porque intentaste comprar con dinero el don de Dios. No tienes parte ni herencia en este asunto, ya que tu corazón no es recto a los ojos de Dios. Arrepiéntete, pues, de tu maldad y ruega al Señor a ver si se aparta esa idea de tu corazón, puesto que te veo en la hiel de la amargura y en las cadenas de la iniquidad». Simón respondió: «Rogad al Señor por mí a fin de que no me suceda nada de lo que habéis dicho».


En este texto Lucas intenta rebajar la relevancia de ese personaje, Simón, que competía con los primeros misioneros cristianos helenistas.
Simón fue un taumaturgo (hacedor de milagros), como otros de su época, a los que los cristianos denigraron como “magos”.
Algunas gentes, sin embargo, lo creyeron enviado de Dios o encarnación de la divinidad, lo que lo situaba en competencia con la figura de Jesús.

Simón fue tenido por los simonianos como la representación de Dios, su “Fuerza” o “Potencia”.
Simón es también el Redentor gnóstico. Simón había descendido desde las alturas como redentor, engañando a las potencias celestes malvadas - los ángeles del Demiurgo -. Murió en la cruz, pero su sufrimiento y muerte (como los del Jesús gnóstico) fueron sólo aparentes.

Al igual que Dios tenía su Pensamiento (femenino), también Simón tuvo el suyo, que se mantuvo a su lado mientras estuvo en la Tierra. Este Pensamiento se había “encarnado” en una mujer llamada Helena.
Simón y Helena fueron adorados como dioses por sus seguidores.

Según los simonianos (en línea con el pensamiento gnóstico) las leyes de este mundo han sido inspiradas por el creador del mismo. El Demiurgo ha esclavizado a los hombres con ellas. La justicia es una convención humana.
Consiguientemente, los simonianos no consideraban necesario acatar los preceptos por los que se rigen los hombres.

En el siglo II, los cristianos de la Iglesia mayoritaria se enfrentaron a los seguidores de Simón, los simonianos, que eran judíos samaritanos probablemente independientes ideológicamente del cristianismo, pero que ejercían en ciertos cristianos una notable influencia.


BARDESIANOS:


El bardesianismo recibe su nombre de un maestro gnóstico del siglo II llamado Bardesanes (Bar [hijo de] Daisán).


Este “filósofo arameo”, como se le llamaba, muy influido por la teosofía egipcia hermética, vivó mucho tiempo en la corte del rey Abgar IX de Edesa (179-216), descendiente de otro rey del mismo nombre del que la leyenda dice que se carteó con el mismo Jesús. Cuando los romanos se apoderaron de Edesa, Bardesanes huyó, y murió en Armenia o Siria hacia el 222.
Se conoce el pensamiento de Bardesanes (próximo aunque no igual al de Valentín) por los escritos de los heresiólogos y por un diálogo sobre el hado y la libertad compuesto por uno de sus discípulos, denominado El destino o Leyes de los países.

Según Bardesanes, en los orígenes existían dos Principios: la Luz/Dios y la Oscuridad/Materia. Entre ellos existían cuatro elementos primordiales: luz, aire, fuego y agua, que de algún modo eran emanación de los dos Principios.
Utilizando esos elementos, las Tinieblas crearon el Universo. Éste, por tanto, está compuesto por ciertos elementos elevados (aunque no espirituales), pero mezclados con la materia.
El ser humano forma parte de este mundo. Su alma procede del Principio Bueno, pero el Principio Malo ha conseguido atraparla en el cuerpo.
El Logos (el Pensamiento/Potencia de Dios) desea salvar al alma, por lo que se encarna en Cristo, cuyo cuerpo es sólo aparente (docetismo).
El Cristo revelador enseña al hombre el camino para que, tras la muerte, el alma pueda unirse a la divinidad en el ámbito celeste.


Se ha visto en esta corriente gnóstica un antecedente inmediato del maniqueísmo.


LIBERTINOS:


El grupo gnóstico de los libertinos o fibionitas resulta extraño en el panorama tan intensamente ascético de los siglos II y III.

Sólo se les conoce a través de lo que contra ellos escribió en el siglo IV el heresiólogo Epifanio de Salamina.


Los Padres de la Iglesia afirmaban que estos herejes gnósticos llevaban una vida corrupta, que creían que al ser “espirituales” estaban ya redimidos y podían hacer con su cuerpo lo que quisieran. La carne, las “cosas del cuerpo”, no afectaban a su espíritu, ya salvado. Por ello, podían “dar lo carnal a lo carnal y lo espiritual a lo espiritual”.

Los fibionitas consideraban que con la procreación el hombre estaba cooperando con el Demiurgo. Al generar un ser humano, se creaba una nueva cárcel material para el espíritu. Lo mejor era que la generación de seres humanos se detuviera de una vez. Por ello, en sus contactos sexuales no practicaban una eyaculación normal.


Los investigadores están divididos sobre estas informaciones transmitidas por Epifanio.
Unos opinan que Epifanio está comunicando noticias verdaderas; otros sostienen que se trata de exageraciones calumniosas, inventos para denigrar a los herejes gnósticos.
Al disponer de una sola fuente, el Panarion de Epifanio, o Adversus Haereses, es imposible saber lo que hay de cierto en ella.


***


El gnosticismo como grupo identificable duró unos dos siglos.
No se sabe con certeza qué motivo su desaparición, aunque sí que en el siglo III arrecieron contra los gnósticos los ataques desde distintos frentes:


Plotino y su escuela neoplatónica atacaron a los gnósticos cristianos como malos filósofos, e intentaron mantener la especulación sobre los primeros principios, sobre el universo y el ser humano dentro de los límites de su sistema filosófico, sin contacto con la “superstición” judeocristiana. Los gnósticos aparecían como cultivadores de una filosofía semiplatónica, degradada, tosca y mítica.

El pueblo llano, por su parte, estimó que las construcciones gnósticas eran demasiado complicadas y abstrusas frente a la simplicidad con que se presentaba la doctrina cristiana.

Y, por otro lado, después de que el Imperio con Constantino asumió el cristianismo como religión universal y única, quedaba fuera de lugar el gnosticismo que era una religión sólo para unos pocos, para una élite espiritual; no para todo el pueblo.


Así, en el siglo IV el gnosticismo desaparece “oficialmente”.
Pero no así su espíritu, que resurgirá primero en el maniqueísmo y más tarde en el catarismo.

lunes, 5 de marzo de 2012

GNOSTICISMO (II)



Dios es la absoluta trascendencia, indefinible si Él no se revela, puro espíritu.
Antes de la aparición del mundo, este ser trascendente vive con su Pensamiento y su Silencio.
En un momento dado, de esa especie de unión de Dios consigo mismo, con su Pensamiento / Silencio, emana una proyección: el Hijo. En este proceso, el Silencio / Espíritu constituye una representación de la Deidad femenina (“Silencio” es femenino en griego; “Espíritu” es femenino en hebreo).
Y de la relación de esta suerte de trinidad se generarán otras entidades divinas o “eones”, cuyo conjunto constituye el “Pleroma” o “Plenitud”.
Estos “eones” son: Inteligencia, Presciencia, Incorruptibilidad, Eternidad, Verdad, Bien, Voluntad, Logos, Sabiduría…

Para algunos grupos gnósticos, como los setianos de Nag Hammadi, la existencia de este Pleroma no implica que las entidades divinas que lo componen tengan una realidad en sí mismas, sino que son meros modos o disposiciones de la divinidad, maneras de su proyección hacia el exterior de sí.
En otros sistemas gnósticos, los seres divinos desarrollados o generados por el Primer Principio son auténticas sustancias con entidad propia, pero integradas en la divinidad.


Uno de esos entes, Sofía-Sabiduría, comete una especie de error, un exceso de “pasión” en su deseo de conocimiento, lo que lo coloca fuera del Pleroma divino.
Del llanto de la Sabiduría brota entonces una suerte de sustancia informe: La materia primordial, ser degradado, que no es aún el universo, porque le falta la foma, pero de ella irán surgiendo, escalonadamente, el universo, el hombre y el mal, que es todo lo que la gnosis trata de explicar.


De la pena de la Sabiduría termina por surgir una entidad superior a la materia sin forma: el Demiurgo. Que es una especie de dios inferior.
A partir de la materia generada por Sabiduría, y tomando como modelo los reflejos de la divinidad (las ideas platónicas), este Demiurgo crea el universo. Manipula la materia y le imprime forma. Este dios inferior es, así, el Creador del Universo, Yahvé, el dios del Antiguo Testamento, a quien algunos equivocadamente han considerado el dios supremo.

Para unos grupos gnósticos, el Demiurgo es un ser malvado; para otros, es simplemente necio, pues desconoce la existencia del verdadero y trascendente Dios, superior a él.


Como culminación de su obra, el Demiurgo crea al hombre, criatura formada “a imagen y semejanza del Demiurgo” (que es a su vez una imagen degradada de Dios).
Sin embargo, el hombre resultó una creación fallida, ya que el Demiurgo y sus ángeles asistentes (creados también por el Demiurgo para que le ayuden a controlar su creación) no le dotaron del soplo vital completo: Le faltaba el espíritu.


Entre tanto, como la Sabiduría había quedado fuera del Pleroma y necesitaba ser rescatada, se inicia un proceso de salvación: El Pleroma envía a una de sus entidades a redimirla. Este eón se llama Salvador, y es el encargado de reintegrar a Sabiduría al Pleroma.


Sabiduría, ya redimida, se apiada del hombre, que es a fin de cuentas descendencia suya (y, a través de Ella, del Dios trascendente), y se propone dotar a esa “imagen de Dios” del elemento superior que le falta: el espíritu divino.


Para ello, consigue que el Demiurgo comprenda que ha de insuflar en esa imagen de sí mismo su propio hálito vital: El Demiurgo después de todo conserva dentro de sí una chispa divina procedente de la sustancia de su madre Sabiduría.


Al hacer tal cosa, el Demiurgo, sin saberlo, transfirió al hombre el espíritu divino que tenía en su interior, y él quedó desprovisto del mismo.


Así pues, la parte espiritual del hombre no tiene su origen en la creación demiúrgica llevada a cabo a partir de la materia, sino que procede de Sabiduría, y por tanto del Espíritu.
El hombre está integrado por una parte material, el cuerpo, y una parte espiritual cuya patria no es este mundo. En algún momento la parte espiritual del hombre tendrá que regresar al lugar del que procede.


El Salvador, que ya redimió a Sabiduría, tendrá que rescatar también al espíritu del hombre, encerrado en el cuerpo, y conducirlo al Cielo/Pleroma, que es su verdadera patria.


El Demiurgo, convertido en enemigo del hombre, que, desde que recibió el espíritu, se “parece” más a Dios que el Demiurgo mismo, hará todo lo posible para que su creación no sea rescatada, y se opondrá al Salvador cuando éste descienda del Cielo para recuperar esas chispas de espíritu prisioneras en la materia.


A través de la procreación y multiplicación de los seres humanos, el espíritu que late en éstos va olvidando su origen.
El Demiurgo pretende con ello que el espíritu quede definitivamente ligado a la materia y no aspire a regresar al Cielo junto a Dios.
La mayoría de los humanos, embotados por la materia, se irá olvidando de que porta en sí esa “chispa divina”. La ignorancia de que su espíritu es igual al de Dios, de la unidad sustancial del espíritu humano con la divinidad, hace que el hombre quede reducido a lo material.


Pese a ello, el espíritu debe ser salvado de la carne, del universo material, que en algún momento volverá a la nada.
Para liberarlo y hacer que el espíritu vuelva al Cielo, el Pleroma envía a la tierra al Salvador.

El Salvador o Revelador descenderá desde el Pleroma, atravesará las esferas de los cielos que circundan la tierra engañando a los ángeles del Demiurgo que las gobiernan, y llegará a ella con la misión de recordar a los hombres que tienen dentro de sí una centella divina, que deben sacudirse el letargo producido por la materia, y hacer todo lo posible para retornar al lugar de donde esa chispa espiritual procede.


El modo de hacer recordar al hombre es la revelación de la gnosis, o conocimiento verdadero:
El Revelador hace que el ser humano empiece a formularse las preguntas esenciales, y le da los medios para responderlas.
En suma, le recuerda que su espíritu procede del Pleroma y que a él debe volver.
La misión del Salvador es enseñar al ser humano a liberar su espíritu de las ataduras del mundo, y, por lo tanto, del poder del Demiurgo, dueño de este mundo.


El Demiurgo, para impedirlo, provoca la muerte del Salvador.
Pero esta muerte es sólo aparente.
Mientras el Demiurgo da muerte a un ser meramente material, el Salvador regresa al Pleroma, una vez cumplida su misión.


Cuando a los hombres les llegue la hora de morir, su cuerpo perecerá y volverá a la materia. Los cuerpos no resucitarán. Pero el espíritu, si ya ha despertado, se elevará al Pleroma y se unirá a la divinidad.


Hasta que llegue ese momento, la vida del gnóstico ha de consistir en profundizar en esa sabiduría (gnosis) que ha venido a traer el Salvador, para escapar cuanto antes de la cárcel carnal y lograr que su espíritu retorne al Pleroma.

El espíritu y la materia, el mundo de arriba y el mundo de abajo, son inconciliables. El que recibe la revelación y quiere regresar al Pleroma debe rechazar todo lo material y corporal, por medio de la ascesis.

 

jueves, 1 de marzo de 2012

GNOSTICISMO (I)


La gnosis es una soteriología que predica la salvación por la vía del conocimiento revelado, sobre la base de un planteamiento claramente dualista: dualismo teológico (Principio del Bien y Principio del Mal), dualismo cosmológico (mundo divino, inmaterial, y mundo material, terrestre), dualismo antropológico (alma procedente de la divinidad y cuerpo creado por el demiurgo).
La gnosis construye un sistema especulativo completo, que da explicación a la divinidad y los primeros principios (teología/teodicea), al origen del mundo (cosmología), a los seres intermedios (pneumatología o angelología), y al hombre (antropología).



La gnosis parte del profundo dolor que siente el ser humano al encontrarse aprisionado en un mundo que lo oprime y en el que se siente extranjero.
Ante la contemplación de la existencia del mal en el mundo y de la insatisfacción que produce la materia, la gnosis constata el sentimiento de desgarro del ser humano, el deseo de liberarse de este mundo y retornar a la divinidad de la que procede.



La gnosis considera las diferentes religiones con las que ha coexistido como estadios inferiores de la espiritualidad. En el nivel superior se hallan los “conocedores” o gnósticos, a cuyo deseo de ir más allá responde la Divinidad con la iluminación, la revelación de la verdad, la respuesta a las cuestiones esenciales.



La gnosis aparece en el seno del cristianismo a mitad del siglo II d. C., pero ya existía antes, no como una religión propiamente dicha, sino como un enfoque existencial que se manifestó desde antiguo en distintos ambientes mediterráneos.



En Grecia existía una corriente de conocimientos espirituales secretos desde los órficos (siglos VII y VI a. C.), los pitagóricos y Platón, corriente que desemboca en la gnosis.


También en el ámbito del judaísmo más próximo a la influencia helénica se abrió paso el planteamiento gnóstico. La preocupación por la causa de la existencia del mal en el mundo y las preguntas sobre el sentido de la vida llevaron a algunos judíos a buscar una explicación más satisfactoria que la que les daban sus textos sagrados y sus tradiciones.
La existencia del Demiurgo platónico aportaba una respuesta al “misterio” del mal: El mal no es obra de Dios, del Bien absoluto.
En el Timeo expone Platón el mito del Demiurgo: El Poder perverso responsable de la creación de este Universo material lleno de maldad.
Junto con este supuesto básico, los judíos helenizados incorporaron también otros conceptos platónicos, como la diferencia entre la materia y el espíritu, entre el mundo de los sentidos y el mundo de las ideas, la inmortalidad del alma… Y aplicaron estas concepciones a la interpretación de la Biblia.
Ello les llevó a considerar que las dos versiones de la creación que recoge el Génesis corresponden en realidad a dos creadores distintos: Elohim y Yahvé, ambos mencionados en el texto bíblico.
Este judaísmo esotérico absorbió también otras tesis procedentes de las religiones del Mediterráneo oriental, centradas en la lucha entre el Bien y el Mal, elaborando así una religiosidad sincrética.



Cuando la “gnosis” se filtra en el primer cristianismo y se convierte en construcción religiosa en el seno de éste, surge el “gnosticismo”, que en los primeros siglos constituirá, con su distinción básica entre el Dios Padre de Jesucristo y el dios demiurgo del Antiguo Testamento, una heterodoxia de relevancia creciente.


miércoles, 29 de febrero de 2012

QUMRAN


Qumran (Hirbet Qumrān) es un torrente del mar Muerto, en Israel, en cuyas orillas radican las ruinas de un monasterio esenio.
En las grutas de los alrededores se descubrieron, entre 1946 y 1956, unos manuscritos escritos en hebreo y en arameo de gran importancia para la historia del judaísmo y de los orígenes del cristianismo.

Con anterioridad a estos hallazgos, Qumran era ya conocido por la literatura de la antigüedad.
El año 77 d. C., Plinio el Viejo publicó su Naturalis historia, en cuyo libro V describe el mar Muerto: «En la ribera occidental (del mar Muerto), al abrigo del influjo nocivo (del agua), viven los esenios, un grupo de solitarios que no tiene igual en el mundo, sin relaciones sexuales, sin dinero».
Cuando se publicó la obra, la información había quedado desfasada, pues la colonia fue destruida en el 68 d. C.

La fundación de la comunidad de Qumran se sitúa en unos años marcados por la reacción macabea contra la política de helenización del sirio Antíoco IV Epífanes.


El nombre esenios deriva del sirio-arameo “hasayya”: “los devotos”.
Se trata probablemente de un grupo de sacerdotes y laicos de estricta observancia, que, con la caída del sacerdocio sadoquita bajo Antíoco IV Epífanes, quedaron sin guía y se aliaron durante un tiempo a los macabeos.
Estos “devotos” fueron los antepasados de los esenios, que en la siguiente generación se reunieron en el desierto cerca de Qumran bajo la dirección de un hombre, cuyo nombre no aparece en los rollos de las cuevas, pero que como “Maestro de Justicia” desempeñó un papel decisivo de adalid de los esenios.
Era de ascendencia sacerdotal y bajo su dirección tuvo lugar la desvinculación de los “devotos” del culto en el templo de Jerusalén y su éxodo de Jerusalén a Qumran, conforme a las palabras de Isaías: «preparad en el desierto el camino del Señor».
Su adversario era el “Sacerdote de la Impiedad”, seguramente el sumo sacerdote entonces en funciones en el templo de Jerusalén: el macabeo Jonatán.
Si el Sacerdote de la Impiedad es Jonatán, entonces la aparición del Maestro de Justicia y consiguientemente la fundación de la comunidad esenia se sitúa por los años 150 a. C.


La secta esenia y el grupo de los hombres que moraban en Qumran no son lo mismo. Los esenios habitaban en las ciudades, en tanto que los hombres de Qumran vivían en el desierto, como núcleo radical, escindido de los primeros, separado de las “moradas de los hombres de la impiedad”.
Cuestiones como por ejemplo el celibato encuentran así su explicación, ya que, mientras que el reducido círculo de los esenios radicados en Qumran renunciaba a las relaciones sexuales, las confraternidades laicas que estaban dispersas por el país y habitaban en núcleos urbanos, sí celebraban matrimonios.
Los hombres de Qumran se dedicaban plenamente al estudio y a prepararse para la inminente guerra de las fuerzas de la luz contra las fuerzas de las tinieblas.


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 Los textos de Qumran prolongan el dualismo de la apocalíptica con la idea de un combate entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas.

Los esenios son los “perfectos del camino”, la “comunidad de los hombres de santidad perfecta”, los “hijos de la justicia”, los auténticos sacerdotes.
Los esenios se saben llamados a alcanzar el beneplácito divino, sin necesidad de la carne de las víctimas de los sacrificios. Porque la oración es el único verdadero culto a Dios, y la perfección de la vida es la auténtica oblación ofrecida voluntariamente.

Al ingresar en la comunidad el esenio se comprometía «a amar todo lo que Dios ha elegido y a odiar todo lo que Dios ha reprobado», es decir, «a amar a los hijos de la luz y a odiar a los hijos de las tinieblas».

El motivo del ministerio sacerdotal esenio se corresponde con el motivo del combate en la “guerra santa”.
Su renuncia al sexo tiene su fundamento en la aspiración a la pureza del sacerdote en servicio, la misma pureza que se exige a las tropas en la guerra santa.
En la lucha final, que se espera próxima, entre los poderes de la luz y de las tinieblas, los esenios se consideran como las huestes de Dios en pie de guerra, como instrumento de la divinidad, pronto a responder al llamamiento.
La vida de los creyentes es como una lucha con las armas de la luz contra los asaltos de los poderes de las sombras.


En la literatura de Qumran resuena constantemente la idea de no asociación entre los justos y los malvados; el conflicto entre la luz y las tinieblas.
Entre sus manuscritos se halla una “Regla de la guerra (milhama) de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas”.

Esta idea se construye sobre el fondo de un dualismo ajeno al judaísmo, que tiene sus raíces en concepciones iránicas.
Es básica en este planteamiento la doctrina de los dos espíritus, el “espíritu de la verdad” y el “espíritu de la mentira”, el “príncipe de la luz” y el “ángel de las tinieblas”. Dios y Belial/Satán.

A esta construcción dualista corresponde la expectativa escatológica de los esenios: Al final del mundo Dios aniquilará definitivamente a Belial.


Mientras, en el tiempo presente, tiempo de la lucha entre los dos espíritus, que se encamina a su cercano fin, inmediatamente antes del combate de cuarenta años de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas, Dios envió al Maestro de Justicia.

Éste interpretó nuevamente la Toráh y reunió en torno a sí a los hijos de la luz, que aguardan la revelación definitiva.

El título de Maestro de Justicia parece corresponder a una figura histórica. Tal vez un sumo sacerdote en tiempos de Jonatán Macabeo.
Los manuscritos lo presentan como el hombre designado por Dios para dirigir la comunidad de sus seguidores, esto es, la comunidad de Qumran, en los últimos días. El destinatario de una revelación y comprensión especial de las Escrituras, a quien Dios ha manifestado todos los misterios.
Existen varios textos que hacen referencia a su persecución y muerte.
Ligada a la figura del Maestro de Justicia se encuentra la del Sacerdote Impío, que pudo haber sido el citado Jonatán Macabeo, aunque su nombre no aparece en los textos.
Este Sacerdote Impío, también llamado Hombre de la Mentira, persiguió al Maestro de Justicia.

Algunos autores han efectuado una datación diferente de los textos de Qumran y han identificado al Maestro de Justicia y al Sacerdote de la Impiedad con Jesús y Pablo respectivamente, o con Juan el Bautista y Jesús de Nazaret.


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 Como preparación al “éschaton”, la comunidad esenia, en tanto que sacerdote en servicio, se esfuerza por alcanzar el más alto grado de pureza.
Para ello, los esenios tomaban diariamente baños de inmersión, lavatorios de purificación, que sustituyen a los sacrificios.

Después de prestar el servicio del día en el templo de Jerusalén, los sacerdotes se reunían en un recinto especial para una refección con piezas de los sacrificios. Esta refección, pero sin carnes sacrificiales, fue conservada también por los esenios. Un sacerdote presidía la comida en común y pronunciaba las bendiciones sobre el pan y el vino.


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 Los escritos de Qumran son de la mayor importancia para la comprensión de la obra de Juan Evangelista.
El dualismo entre verdad y mentira, luz y tinieblas, espíritu y carne, vida de arriba y vida de abajo, característico del cuarto Evangelio, se interpretaba en gran parte, antes de la aparición de la literatura de Qumran, en función de categorías gnósticas.
Los nuevos textos han demostrado que también en Palestina existía una visión dualista del mundo.
Hoy se puede decir que el dualismo del cuarto Evangelio tiene sus raíces en el dualismo que late también en la literatura de Qumran. Aunque, por lo demás, entre un texto y otros existen profundas diferencias.