miércoles, 9 de noviembre de 2011

La Divina Comedia, El Purgatorio, II (5)


En el Purgatorio el alma pasa por un proceso de purificación que es como una ascensión al llegar a cuyo último tramo se encuentra ya “dispuesta para subir a las estrellas” (Canto XXXIII, 145).


En la última cornisa hay un muro de fuego, y tras él una escalera por la que se llega al Paraíso.


Dante se siente asustado.


En el universo de Dante, el fuego no representa al Maligno sino a la Divinidad, y el temor del poeta no es el miedo al Mal sino el sobrecogimiento ante el Misterio.


La aproximación a la Divinidad no puede hacerse con indiferencia. La Divinidad es Luz que “quema”, Luz que “ciega”.
La aproximación a la Divinidad necesita un proceso previo de preparación, de aprendizaje, de conocimiento.


El paso por el Infierno y el Purgatorio ha sido el camino a través del cual Dante ha aprendido.
A pesar de ello, ante la puerta que da acceso a la Divinidad, Dante siente un temor que no había sentido en el Infierno. Los horrores que ha presenciado en el Averno le eran más conocidos. Eran “terrestres”, “humanos”. Ahora Dante se encuentra ante el Misterio.


Dante se siente asustado y Virgilio le conforta, pero han de despedirse, porque Virgilio no puede acceder al Paraíso.


En la puerta del Paraíso terrestre, Virgilio debe separarse del poeta:
Virgilio, símbolo de la filosofía y humanidad no cristiana, no puede ayudarle más.


En la cima del Monte Purgatorio se encuentra el Paraíso Terrenal o Jardín del Edén.


En el jardín celeste, a la entrada del Paraíso, Dante es acogido por Matelda, quien es una anticipación de la llegada de Beatriz.


Matelda, personificación de la felicidad, muestra a Dante dos ríos:


El Leteo, cuyas aguas hacen olvidar los males cometidos, y el Eunoe, que hace recordar el bien realizado.


Antes de entrar en el Paraíso el alma bebe de los dos ríos. Así el hombre se purifica: El mal es perecedero y el bien es inmortal.


Dante busca a Virgilio, pero éste ya no se encuentra con él.
Matelda se ofrece a reunir a Dante con Beatriz.


Beatriz reprocha a Dante sus pecados y ambos se reconcilian. Se prepara así el ascenso a las esferas del Paraíso.


Dante bebe las aguas de los dos ríos, que hacen olvidar lo malo y recordar lo bueno, y sigue a Beatriz, que simboliza el camino hacia Dios.


Al igual que en las otras dos partes de la Divina Comedia, el Purgatorio acaba con la palabra "estrellas" (Canto XXXIII):


De aquel agua santísima volví
transformado como una planta nueva
con un nuevo follaje renovada,
puro y dispuesto a alzarme a las estrellas.


Dado que la cavidad infernal llegaba hasta el centro de la Tierra, la montaña del Purgatorio debe ser muy alta:
Su cima está inmediatamente debajo de la Esfera de Fuego (la más externa de las esferas sublunares).

 

martes, 8 de noviembre de 2011

La Divina Comedia, El Purgatorio, I (4)


El recorrido por el Purgatorio es el ascenso a una montaña.


Dante sigue en compañía de Virgilio.


El Purgatorio de Dante se divide en Antepurgatorio, Purgatorio y Paraíso terrestre.
Al pie de la montaña se encuentra el Antepurgatorio, y en la cima el Paraíso terrestre.


Las almas llegan al Purgatorio escoltadas por un ángel, cantando el salmo “In exitu Israel de Aegypto”.


En las orillas del Purgatorio, Dante y Virgilio encuentran a Catón, un pagano que ha sido nombrado por Dios guardián del pie del monte.


Dante y su compañero atraviesan la puerta del Purgatorio, que está custodiada por un ángel con una espada de fuego, sentado en un solio de diamante.


El ángel marca siete veces la letra “P” en la frente de Dante y abre la puerta.


En cada escalón del Purgatorio se redime un pecado:
Dante se va purificando y en cada nivel un ángel le borra una letra.


En el escalón correspondiente a la soberbia, las almas en pena rezan el Padrenuestro (Canto XI):


«Padre nuestro, que estás en los cielos,
no circunscrito, sino por el grande
amor que a tus primeras obras tienes,
alabados tu nombre y tu potencia
sean de cualquier hombre, como es justo
darle gracias a tu dulce esencia.


De tu reino la paz venga a nosotros,
que nosotros a ella no alcanzamos,
si no viene, con todo nuestro esfuerzo.


Como por gusto suyo hacen los ángeles,
cantando “Osanna, a ti los sacrificios”,
hagan así gustosos los humanos.


El maná cotidiano danos hoy,
sin el cual por este áspero desierto
quien más quiere avanzar más retrocede.


Y al igual que nosotros las ofensas
perdonamos, a todos, sin que mires
el mérito, perdónanos, benigno.


Nuestra virtud, que cae tan prontamente,
no ponga a prueba el antiguo enemigo,
mas líbranos de aquel que así la hostiga.»


En la quinta grada, Dante y Virgilio son alcanzados por el poeta Estacio, que es descrito como un convertido al Cristianismo. Acaba de finalizar su purificación en ese círculo, y, como cristiano, su guía es adecuada para complementar la de Virgilio. (Canto XXI).



En el séptimo peldaño, Estacio le habla a Dante sobre la naturaleza del alma y su relación con el cuerpo (Canto XXV).


Al final de la séptima terraza, que es la que corresponde a la lujuria, están los poetas Guido Guinizzelli y Arnaut Daniel, con quienes Dante conversa (Canto XXVI).


A continuación se levanta una inmensa pared de llamas que hay que atravesar.
Dante siente miedo.


Finalmente, Virgilio le recuerda a Dante que a Beatriz la encontrará al otro lado del Paraíso Terrenal, y le persuade para que pase entre las llamas (Canto XXVII).


Ante los escalones del Paraíso Terrenal, la noche cae por tercera vez, y Dante sueña.

 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La Divina Comedia, El Infierno, II (3)


El Infierno es la parte más conocida de la obra de Dante, debido a la expresividad de sus descripciones del mal.


Dante logra pintar tan intensamente el Infierno que se ha llegado a identificar lo "dantesco" con lo "infernal".


Dante y Virgilio atraviesan nueve círculos terribles, nueve círculos de torturas y horror.


El noveno y último círculo está constituido por un inmenso lago de hielo, llamado Cocito, formado por el movimiento de las alas de Lucifer.


En contraste con la imagen popular del Infierno como un lugar ardiente, aquí los traidores están congelados en el lago.


En el centro de la Tierra está Lucifer, el "emperador del reino doloroso", el "gusano del mundo".


Lucifer, quieto en su trono en la ultratumba, desde ahí maneja el mundo.


Está en medio del hielo y la sombra, masticando eternamente a Judas.


Frente a la concepción habitual del Averno como un lugar de fuego, en cambio para Dante es una cueva oscura y helada. El Infierno es la Tiniebla.


Incomprensiblemente, por lo general se ha identificado al Infierno con las llamas de un fuego interminable. Pero el fuego es la Luz, mientras que Satanás es la Sombra.


Quizás ese lago helado nos está indicando que no nos hallamos propiamente en el Infierno tal y como lo concibe la religión tradicional, sino en un lugar diferente, aunque sin duda es el Reino del Mal.


El Reino del Mal es el Reino de la Oscuridad.


El Reino del Mal es un reino de este mundo. Por eso Dante puede plasmarlo tan bien, con imágenes de sufrimiento humano. Cuando salga de ese mundo terrible, comenzará su viaje hacia las estrellas.


“Mi guía y yo por esa oculta senda
fuimos para volver al claro mundo;


y sin preocupación de descansar,
subimos, él primero y yo después,
hasta que nos dejó mirar el cielo
un agujero, por el cual salimos
a contemplar de nuevo las estrellas.”


Desde el centro de la Tierra, Dante y Virgilio ascienden por un pasaje subterráneo hasta la costa inexplorada de una isla del océano del hemisferio sur.


En esa isla se halla la montaña del Purgatorio, formada con la tierra que se desalojó al generarse la cavidad del Infierno.